El parque principal, que debería ser un punto de encuentro y esparcimiento, está completamente vacío, reflejando la tensa calma que se respira en el aire.
A pocos kilómetros, los campamentos de las disidencias de las Farc y los enfrentamientos con el ELN marcan el ritmo de la vida cotidiana.La situación es particularmente devastadora para los niños, quienes se han convertido en las víctimas más vulnerables de este conflicto.
En las aulas de clase, los docentes se enfrentan a la dolorosa tarea de comunicar a sus alumnos la pérdida de sus padres debido a la violencia.
“Tenemos que ir a las aulas a elegir un estudiante para decirle que acaban de asesinar a su papá o que acaban de asesinar a su mamá”, aseguró un educador.
El desplazamiento forzado es otra consecuencia directa del conflicto. Familias enteras se ven obligadas a abandonar sus hogares, llevando consigo solo lo esencial y la esperanza de un futuro mejor para sus hijos.
Sin embargo, el impacto en la educación es significativo. “En esos dos años, para ellos fue duro, los niños tenían diferentes comportamientos, y debido a eso perdieron el año”, agregó una madre de familia refugiada en un asentamiento.










